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Educación bilingüe, en una sola lengua

Las escuelas bilingües en pueblos rurales fueron creadas para llevar la educación en dos lenguas, pero pocas usan la lengua indígena en la enseñanza.

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Las escuelas bilingües en pueblos rurales fueron creadas para llevar la educación en dos lenguas, pero pocas usan la lengua indígena en la enseñanza.

Desde que se recuerde, en este pueblo rural alguien siempre ha tocado las campanas de la iglesia lo suficientemente fuerte a las tres de la mañana de cada día para despertar a los campesinos que tienen que ir a trabajar al campo.

También ha sido una costumbre en este pueblo oaxaqueño que muchos niños trabajen en vez de ir a la escuela. Muchos adultos, en especial las mujeres, no saben leer ni escribir. Ellos hablan una lengua indígena y saben poco el español.

Con la nueva generación, sin embargo, la asistencia a la escuela está cambiando rápidamente aquí y en otros lugares. Lo que no cambia tan rápidamente es el programa de instrucción bilingüe creado por el gobierno federal en respuesta al lamento de los grupos indígenas de que sus niños iban perdiendo identidad cultural.


Raymundo Nolasco García se matriculó en una de esas escuelas bilingües. El pequeño de 10 años está en cuarto grado y ya ha sobrepasado el nivel educativo de algunos de los adultos de su familia. Su padre llegó sólo hasta sexto grado, pero su madre y sus abuelos paternos, quienes tienen una tiendita donde él pasa el tiempo cuando no tiene clases, nunca asistieron a la escuela y son iletrados. Cuando Raymundo está con su madre o sus abuelos sólo habla zapoteca, una lengua indígena de ritmo rápido y ligeramente entrecortado en comparación al suave fluir del español. Y en la escuela habla solamente español.

A los adultos que rodean a Raymundo les importa la educación. “Aprender español ayuda”, dice en su rudimentario español Federica García Cruz, de 52 años, abuela de Raymundo. “Le ayuda a uno para poder comprar cosas”, completa. Cuando sus nietos están en la tiendita, Federica les pide que le hagan las cuentas para poder cobrar la venta de los aguacates o de la sopa casera de pollo.

La escuela de Raymundo es parte del sistema oficial de Escuelas Bilingües en México. En 1996, después de unas sangrientas revueltas impulsadas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el estado de Chiapas, el gobierno mexicano prometió a los grupos indígenas que los niños serían educados en su lengua nativa y aprenderían en las escuelas sobre su propia cultura.

Hay sin embargo quienes dicen que México aun tiene un largo camino que recorrer para que las escuelas preparen estudiantes realmente bilingües. Esto es, que sepan leer y escribir en ambas lenguas, la indígena y la española.

De los 10 maestros bilingües que asisten a la Universidad Pedagógica Nacional, para maestros en servicio, apenas dos dicen usar sustancialmente la lengua indígena para enseñar a los niños. Ellos enfrentan la resistencia de los otros maestros o directores, incluída la de sus colegas indígenas, al uso de la lengua nativa como medio de instrucción. Esto se debe a que muchos maestros, incluídos los indígenas, están acostumbrados a usar solamente el español en las escuelas.

El profesor de los maestros, Juan Julián Caballero, cuya lengua nativa es la mixteca, afirma que los políticos y funcionarios de educación mexicanos no apoyan realmente la educación bilingüe. Dicen hacerlo, pero sólo para complacer a los organismos internacionales, como el Banco Mundial o las Naciones Unidas. “Los funcionarios de educación pública van a decirle que todo es de maravilla, pero en la realidad usted encontrará todo lo contrario”, explica Julián. Y con cierto tono cínico, agrega, “ellos no aplican la ley; las escuelas bilingües carecen de textos, materiales y entrenamiento para los maestros”.

Sylvia Schmelkes, directora de la nueva oficina en la Secretaría de Educación Pública, encargada de promover las escuelas interculturales y bilingües, coincide con Julián Caballero en que los niños indígenas no han recibido los recursos necesarios para una adecuada educación. "Incrementar los recursos para los niños indígenas es un trabajo lento”, dice. “La situación financiera no es muy holgada; ésto marcha poco a poco”. Schmelkes estima que el gobierno mexicano gasta solamente una cuarta parte por cada niño indígena de un área rural de lo que gasta en un niño de clase media urbana.

México tiene un largo camino que recorrer para que las escuelas preparen estudiantes realmente bilingües.

Un gran problema que enfrenta la promoción de la educación bilingüe es que algunos dialectos indígenas no tienen escritura y el gobierno no ha podido proveer textos escolares en esas lenguas, señala Schmelkes. Y aun cuando tienen forma escrita, los maestros indígenas a menudo no la han aprendido, pues fueron educados sólo en español.

Otro obstáculo es la discordancia creada por el sindicato de maestros y funcionarios de educación en la asignación de nuevos enseñantes a los pueblos rurales. Todos los maestros en las escuelas bilingües hablan una lengua indígena, además del español. Pero se estima que 35 por ciento de ellos son enviados a escuelas donde los niños hablan un lenguaje o un dialecto diferente al suyo, señala Schmelkes.

En la escuela bilingüe de Raymundo en San Miguel Mixtepec, por ejemplo, apenas dos de diez maestros hablan el mismo dialecto zapoteco que hablan sus alumnos. Artemio Santiago Gonzáles, el director de la escuela, habla uno diferente al de los residentes del pueblo.

Estas diferencias pueden parecer irrelevantes, pues el municipio apenas apoya el uso de la lengua zapoteca en las escuelas, según Santiago. El programa escolar se centra en el uso del español porque el dialecto zapoteco que se habla en la localidad no tiene forma escrita. A Santiago le preocupa que la escuela ya haya perdido quince de sus 217 estudiantes desde el principio del año, debido a la emigración. La escuela tiene ahora la mitad de clases de quinto y sexto grado, comparada al número de clases en los grados inferiores, porque muchos niños abandonaron sus estudios para ir a trabajar.

Santiago piensa en las mejoras que podrían lograrse si la escuela dispusiera de más recursos. “Oaxaca es pobre”, dice. “El gobierno nos envía muy poco dinero; debería enviarnos más”.

Recientemente, el municipio construyó aulas nuevas de cemento para la escuela, pero todavía usa una de lata corrugada y piso de tierra, donde Raymundo asiste a cuarto grado. A pesar de la rusticidad del ambiente, Raymundo tiene una maestra creativa, y está aprendiendo.

Durante una clase de ciencias sobre los invertebrados la maestra, Hilda Raymundo Chávez, de apenas 18 años, estimula a sus estudiantes a hablar sobre lo que ya conocen para luego extender la discusión a lo que aun no saben.

Cuando durante sus lecturas en español los niños se topan con palabras como abdomen, invertebrado y molusco, ella les ayuda pacientemente a aprenderlas. La delgada mujer zapoteca lleva su liso cabello en una coleta, no tejido y atado con cintas de colores, como tradicionalmente lo usan las mujeres zapotecas del pueblo, y explica animadamente a los niños que los invertebrados son “los animales que no tienen huesos”.

“Ustedes han visto las hormigas, ¿verdad?”, pregunta retóricamente la maestra. “Es muy fácil identificar las tres partes en ellas; es igual que con los saltamontes”.

Ella también señala a sus alumnos que muchos insectos nos ayudan haciendo comida. “Por ejemplo, ¿qué hace la abeja?”.

“¡Miel!” gritan algunos de los niños. La maestra y los estudiantes hablan la lengua zapoteca, pero no el mismo dialecto. Por eso tienen que usar el español en la escuela. “Es difícil usar el zapoteco”, dice Raymundo Chávez al cabo de la clase, “porque nosotros hablamos un zapoteco diferente”.

—Mary Ann Zehr
—Traducción por Sergio Serrichio.

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