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La televisión es el medio más importante para llevar la educación secundaria a las áreas remotas de México.

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Las televisiones no están funcionando en la escuela telesecundaria en este pueblo rural en el estado de Oaxaca. Algunos hombres están haciendo reparaciones y han cortado la electricidad, que retornará en un par de horas.

La televisión es el medio más importante para llevar la educación secundaria a las áreas remotas de México.

La escuela telesecundaria ha sido creada para proveer una sustancial cantidad de instrucción por medio de la televisión, pero hoy los cinco maestros y el director de la escuela no parecen frustrados por las pantallas en blanco y proceden con las lecciones del día.

Al fin y al cabo, aunque en el techo hay un receptor satelital y las clases se centren en programas de televisión, el objetivo sigue siendo el mismo de una escuela regular: los niños vienen aquí a aprender.

Para llegar a la escuela, cada mañana los 110 estudiantes tienen que caminar cuesta arriba en un área montañosa. En el camino dejan atrás burros, pollos y pequeñas casas de adobe de donde escapa el olor de las tortillas de maíz tostándose en el fuego casero. En la escuela, los estudiantes hacen fila con sus camisas blancas bien planchadas y sus pantalones o faldas grises y al rayo perforante del sol realizan sus ceremonias matinales, incluída la del saludo semanal a la bandera mexicana.

Estudiantes y maestros esperan tener sus clases, con o sin televisión.

Los maestros están ya acostumbrados a trabajar sin el instrumento básico de enseñanza telesecundaria, la televisión, en especial durante la temporada de lluvia, cuando el flujo de electricidad se suele interrumpir, a veces durante semanas, explica la secretaria de la escuela, Catalina Hernández Velasco. Y ahora es la estación seca.

Más del 20 por ciento de las 1.200 telesecundarias del estado tienen equipos que no funcionan bien, señala el responsable las mismas para esta región, Rolando García Estrada, “No tenemos dinero para reparar o reemplazar los equipos”, explica.

Más de una tercera parte de los alumnos del ciclo secundario en Oaxaca reciben su educación a través de la telesecundaria.

Se trata de un modelo pionero de educación que México inició hace 30 años. Los estudiantes ven un programa de quince minutos por cada materia, seguido por treinta minutos de ejercicios y discusiones con su maestro.


Esta mañana, antes que la electricidad en la escuela se cortara, 31 alumnos miraban en un aula de madera y piso de tierra un programa sobre cómo identificar las ideas más importantes en una lectura.

El programa incluye un diálogo entre dos jóvenes situados en un ambiente urbano de paredes muy bien pintadas y muebles bien terminados. En el video no se ven las casas de ladrillos de barro ni los muebles rústicos de madera típicas de las zonas rurales de México.

Luego del programa, el profesor revisa con los alumnos los pasos para encontrar las ideas principales en las lecturas, y ellos los escriben. Luego cada uno recurre a su libro de texto para practicarlos en un ejercicio escrito.

El español es la lengua oficial de instrucción, pero cuando los estudiantes hablan entre sí mientras completan los ejercicios se puede oir el tono melódico del chinanteco, su lengua indígena.

Los maestros en esta escuela hablan más de las desventajas que de las ventajas de la telesecundaria. La mayoría tienen títulos universitarios, pero en comparación a los maestros de la secundaria regular han recibido menos instrucción en técnicas de enseñanza.

A diferencia de las escuelas regulares, donde cada materia es enseñada por un maestro diferente, en la telesecundaria un sólo maestro enseña todas las materias en cada grado. Desde inglés, hasta física y matématicas.

Georgina Virgen Alcalá, quién enseña en una clase de octavo grado, cree que la escuela mejoraría si los estudiantes tuviesen un maestro especializado en cada materia.

Otra maestra señala que los programas parecen más diseñados para estudiantes urbanos que para los hijos de los campesinos cafeteros que viven en este pueblo. Para éstos, el chinanteco es su lengua nativa y no siempre entienden la terminología de los programas de televisión, que son todos en español.

Carlos Pérez Santiago, que además de ser director es maestro a tiempo completo de esta escuela, cree que el modelo de educación telesecundaria es restrictivo, ya que los enseñantes están limitados por el horario de transmisión y sólo disponen de treinta minutos, entre programa y programa, para actividades en clase. “El tiempo que tenemos es muy restringido; no nos permite estimular la reflexión de los estudiantes. Estamos constantemente mirando el reloj, a ver cuándo es la siguiente transmisión", dice.

El desafío más grande para dirigir la telesecundaria, dice el director, es hacer que los alumnos sean puntuales y combatir el abandono escolar.

El desafío más grande para dirigir la telesecundaria en esta región, dice Pérez Santiago, es hacer que los alumnos sean puntuales y combatir el abandono escolar. La asistencia a la escuela es estimulada con un programa del gobierno federal por el cual las familias pobres reciben dinero para comida y servicios de salud, siempre y cuando envíen a sus niños a la escuela.

Pero para muchos de los estudiantes jóvenes es costumbre abandonar la escuela telesecundaria e irse a trabajar a la Ciudad de México, ya sea por períodos cortos o largos de tiempo. Muchos trabajan como mozos o empleados domésticos, otros cosen ropa en los talleres. Hasta los estudiantes que asisten regularmente a la escuela generalmente trabajan antes y después de clases. Ellos ayudan a sus familias a cultivar y cosechar café, maíz, frijoles o cuidan a sus hermanos menores y a los animales.

La enseñanza en la telesecundaria es considerada una posición indeseable por los maestros, que tienen que llegar a sus trabajos cada domingo por la noche luego de viajar cinco horas por un rústico camino lleno de curvas, desde la pequeña ciudad de Cuicatlán.

A menudo, el autobús no tiene asientos para todos los pasajeros, que además deben soportar el mareo que producen las curvas del camino. Un domingo reciente, una maestra embarazada que viajaba en autobús hizo parte del trayecto parada, mientras que una pareja de pasajeros iba en el techo del vehículo. Y a las cinco horas entre Cuicatlán y San Pedro Sochiapam algunos maestros deben agregar tres horas más de viaje en autobús entre la ciudad de Oaxaca y Cuicatlán.

“Los nuevos maestros son asignados aquí para enseñar; uno tiene que sufrir antes de poder ir a otro lugar”, dice Hernández Velasco, que además de ser la secretaria de la escuela está casada con el director. Cada semana, los dos viajan junto a su movedizo hijo de 4 años desde Oaxaca hasta San Pedro Sochiapam.

En el pueblo, durante la semana los maestros llevan una vida muy simple, comparada a la que tienen en la ciudad los fines de semana. Aquí duermen en camas sin colchones y usan letrinas exteriores a las casas. Y no tienen teléfono, ni televisión.

El director y los maestros han decidido cancelar las clases de telesecundaria de los viernes, para poder tomar el autobús que sale del pueblo a las 7 de la mañana, el único transporte que hay cada día.


Las telesecundarias se multiplicaron como hongos desde 1992, cuando el Congreso mexicano decidió extender la obligatoriedad escolar de sexto a noveno grado, dice Sylvia Schmelkes, una investigadora educativa que dirige la nueva oficina de la Secretaría de Educación Pública, encargada de promover la educación bilingüe e intercultural en las escuelas. La telesecundaria, explica, fue una manera rápida de extender el acceso a la educación en las áreas rurales.

“Hay muchas escuelas con una sala única para todos los grados escolares y un solo maestro que se encarga de todo, mientras los estudiantes escuchan las transmisiones”, señala Schmelkes. Y añade, "es realmente una educación de inferior calidad".

Los pueblos rurales han tenido casi siempre el modelo de telesecundaria, pues no tienen población estudiantil como para justificar un plantel de maestros similar al de una escuela secundaria regular o una escuela técnica. A su vez, México ha tenido ejemplos de telesecundarias que han funcionado bien en comunidades indígenas, dice Schmelkes.

El modelo de telesecundaria mexicano está siendo actualmente adaptado en otras partes de América Latina, en países como Guatemala y El Salvador. Es una forma barata de proveer educación, pero no debe verse como una solución a largo plazo, observa Carlos Muñoz Izquierdo, economista de la Universidad Iberoamericana, un centro privado en la Ciudad de México.

Muñoz Izquierdo lleva 37 años investigando el sistema educativo y frecuentemente ha llamado la atención sobre sus desigualdades. “Estas escuelas están en las regiones más pobres del país,” dice. "Es un error dar una educación de baja calidad a un pueblo que de por sí ya es pobre; uno debería poner las mejores escuelas en las comunidades más pobres”.

¿La escuela telesecundaria es mejor que no tener escuela? Muñoz Izquierdo responde, "quizás".

—Mary Ann Zehr
—Traducción por Sergio Serrichio.

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